Las cabras balan en diferentes acentos

 

La próxima vez que te digan que estás como una cabra quizá no quieran decir lo que estás pensando. No te lo tomes a mal, a lo mejor es un piropo. Sigue leyendo y saca tus propias conclusiones.

La cara que se te queda cuanto te enteras de que… las cabras balan en diferentes acentos.

Seguro que has oído alguna vez eso de que los animales son territoriales. ¿No sabes de qué te hablamos? Pues, básicamente, de que un grupito de la misma especie se hace dueño y señor de un espacio en el que se asienta y lo defiende a muerte (literal, si hace falta). Aquí la negociación se lleva a las manos (léase, a las patas, o a los cuernos, según la fisonomía de cada cuál).

En esa pandilla animal siempre hay un miembro que es el más popular y, por cierto, suele coincidir con el más guapo, el más fuerte o el más listo –¿te suena?– y el que lidera esta alianza para apropiarse del área por el que se mueven y por el que quieren campar a sus anchas ellos solos, sin interferencias.

A estas alturas del texto te estarás preguntado a qué viene esta lección de etología. Paciencia, que hay un por qué. Sigamos con el relato…

El territorio puede ser tan grande como se les antoje, aunque normalmente depende del tamaño de los individuos que lo ocupan, claro. Vamos, que no será lo mismo si hablamos de un león y sus congéneres, que de un pangolín. Por poner un ejemplo, un grupo de águilas podrá campear en exclusiva por un área de 80 km2 mientras que uno de petirrojo tendrá que conformarse con una extensión de 1.800 m2. Este sistema del “yo me lo pido” parece que funciona entre los animales desde que el mundo es mundo. Hasta ahí ninguna novedad, pero había que explicarlo para que se entienda lo que venimos a contar ahora, que sí es actualidad del siglo XXI.

 

A ver cómo lo decimos sin que suene a chiste.

 

Empezaremos comentando que las cabras cuando no están en cautividad –lo que viene a ser domesticadas– son gregarias y territoriales. Pero, además, se ha descubierto que tienen una particularidad: son capaces de balar con diferentes acentos. ¿No te lo crees? Pues un experimento llevado a cabo por la Universidad Queen Mary de Londres no deja dudas.

Los científicos británicos que están detrás de este descubrimiento, decidieron estudiar a unas crías de caprinos pigmeos desde su nacimiento hasta que cumplían cinco semanas. Y lo que descubrieron es que estos mamíferos no tienen ni un pelo de tontos. Desde el comienzo hacen superpandi con sus hermanos, padres y demás parentela, al tiempo que mantienen una conveniente distancia con el resto de grupos sociales de la misma especie. Para que quede claro, sus vecinos son sus vecinos, pero no parte de la familia.

En menos de un mes aprenden a modular sus voces para que solo los miembros del clan balen con el mismo sonido. ¿Elitistas? No, inteligentes. En cuanto un infiltrado alce su balido para decir lo que sea, será detectado al instante y, probablemente, expulsado. Esto en el lado malo del asunto. En el bueno, según publicaron estos investigadores en la revista Animal Behaviour, esta plasticidad vocal les permite a las madres distinguir a sus crías incluso si pasan más de un año separadas de ellas. Con este hallazgo se desmonta eso de que los animales vienen con una genética que no pueden modificar y se impone la teoría de que son capaces de adaptarse al medio adquiriendo habilidades y estableciendo vínculos sociales.

Y esto de imitar voces no es solo cosa de las cabras, también los murciélagos y las ballenas saben hacerlo. A parecer, el mecanismo que usan es el mismo que el de los humanos: aprenderlo de pequeños y por imitación. ¿Te imaginas que sean capaces de entendernos? ¿Nos estarán comiendo el terrero en materia de evolución? Bueno, de momento, todavía está por ver si las cabras hispanas y las alpinas se entienden algún día…

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