En el espacio no se puede llorar, aunque nadie lo prohíbe...

 

A los astronautas es difícil que se les escape una lagrimilla, y no por falta de ganas, que las tienen, sino por puro dolor.

 

 

Evitando las lágrimas en el espacio

 

Aunque estén viendo en bucle el vídeo de su boda, recuerden con nostalgia las monerías de la mascota que han dejado en la Tierra, rememoren la última tarde de juerga con los amigos o, sencillamente, imaginen el cielo azul de su ciudad a miles de kilómetros, a los astronautas es difícil verlos llorar a moco tendido. Casi con toda seguridad, ni siquiera pensar en que están siendo tragados por un agujero negro les conmovería hasta ese extremo. Y no es que no tengan sentimientos o que salir de la órbita terrestre les haya endurecido el corazón hasta el punto de la congelación. Qué va, todo tiene una explicación mucho más mundana.

 

El listo de turno estará pensando que esta ‘anomalía fisiológica’ se debe al duro entrenamiento físico y psicológico al que se han sido sometidos estos valientes antes de despegar en dirección al cosmos –nos reímos de los boot camps–, pero no, tampoco es eso. ¿Será, entonces, que los hombres no lloran? Ja, ja, también en la Luna, compartiendo minicápsula con los colegas de expedición, se siente y se padece, aunque no se demuestre de la misma manera.

 

¿Entonces? Negamos la mayor. El caso es que llorar pueden llorar, sin distinción de género, pero suelen evitarlo por todos los medios. ¿La razón? Las gotas se vuelven insoportables, en sentido literal, porque al no haber gravedad en la nave espacial, las lágrimas no pueden correr por las mejillas, se quedan pegadas al ojo en forma de molesta bolita y la única manera de desprenderse de ella es coger una llorera descomunal para que la burbuja acabe siendo gigantesca y pueda despegarse del párpado. Y por si esto fuera poco desagradable ya de por sí, además llorar en el cohete produce un picor insoportable, según dicen los que han pasado por este trance.

 

¿Conclusión? Llorar en el espacio no está prohibido, ni siquiera mal visto, allá cada cual, pero en estas dimensiones extraplanetarias no conviene arriesgar el tipo con aventuras poco exploradas. Aunque, mientras que estos sean todos los impedimentos, nada detendrá a los humanos en la conquista del planeta rojo. Marte, espera, que vamos... y llevamos colirio.