El lunes es el día que menos llueve

 

Hay muchas razones para odiar el primer día de la semana y una muy poderosa que ayuda a enfrentarse a él con una buena actitud y la mejor de las sonrisas.

La cara que se te queda cuando te enteras de que… el lunes es el día que menos llueve.

¿Tienes un día de la semana preferido? No hace falta contar con muchas dotes de adivino para pensar que puede ser el sábado y acertar. O, si no, el domingo o, venga, como mucho, el viernes, que ya está a un paso del finde.

De lo que estamos bastante seguros es del día de la semana que menos gracia hace entre la población occidental. ¿A que es el lunes? ¡Bingo! Empezar es duro, lo sabemos y lo acreditan todas las estadísticas. ¡Si hasta hay un síndrome –depresivo, claro– que lleva su nombre: el Síndrome del Lunes! Pero no todo está perdido, hay algo que puede hacer que mires ese día con mejores ojos. Atento: si es lunes hay más papeletas de que salga una mañana y una tarde despejadas. ¿No me digas que esto no sube la moral? Y, ya, rizando el rizo, el sábado es el día de la semana en el que más opciones existen de mal tiempo y lluvia, para que lo sepas.

 

¿Crees que te estamos tomando el pelo? Nada de eso.

 

Puedes comprobarlo de manera casera y sin que te requiera mucho esfuerzo. Haz un poco de memoria y seguro que te viene a la cabeza más de un fin de semana pasado por agua, donde la lluvia te ha obligado a cambiar de planes o a quedarte en casita. ¿Y qué me dices de esos puentes de viernes, con escapada a la costa prevista, después de toda una semana soleada, que se estropean en cuanto pones un pie en el destino, momento en el que empieza a jarrear y no para hasta que regresas? ¿Ves como estábamos en lo cierto? Y no lo decimos por decir, ni para animarte, detrás hay investigaciones muy sesudas que confirman este curioso fenómeno.

Analizando los datos meteorológicos de precipitaciones de unos cuantos años atrás varios investigadores han descubierto que esta misma circunstancia se da en muchos lugares de la Tierra (fuera bromas, parece que Londres es una excepción, tal vez porque aquí tienen mucho más que decir las corrientes del Océano Atlántico que las nubes, pero esto ya queda para otro artículo). Y como la mayoría de los científicos son de esas personas que creen que las casualidades no existen, han llegado a una misma conclusión: este patrón de conducta tan peculiar del tiempo no es caprichoso, obedece a una razón y no tiene nada de esotérica.

Al parecer, detrás de todo este sucio asunto está, como no podía ser menos, la contaminación, que todo lo daña… hasta los findes. A lo largo de la semana hay más coches circulando por las ciudades, las chimeneas de las fábricas están a pleno rendimiento y, consecuentemente, la polución del aire es mayor, lo que crea unas finas partículas en suspensión, conocidas como aerosoles, que hacen poco honor a su nombre, pues son las instigadoras de la condensación de agua. Y por mucho aguante que tengan esas bonitas nubes blancas que se van formando durante la semana, el viernes ya no pueden más de grises como están y descargan todo lo que llevan dentro. O sea, litros de agua.

El caso es que, como el sábado y el domingo, con la lluvia la atmósfera ha quedado bien limpia y los aerosoles han desaparecido (hasta el próximo viernes), el lunes amanece con un cielo azul y sin amenaza de lluvia.

Y ahora, sabiendo esto, ¿con qué día te quedas?

 

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