Mira a la cámara...y ¡sonríe! Te sentirás mejor que nunca

 

Sonreír es gratis, contagioso y fácil, solo necesitas mover 17 músculos, en lugar de los 43 que requiere fruncir el ceño. A cambio relaja, ayuda a empatizar y reduce el estrés. Vale la pena, ¿no?

 

 

El poder contagioso de una sonrisa 

 

¿Quién dijo que los humanos no nos entendemos? En el mundo hay más de 7.000 lenguas, algunas tan desconocidas como los lugares remotos donde se hablan, pero hay una universal: sonreír. Cruzar los brazos, enarcar las cejas, levantar el pulgar o dar dos besos no solo no significan lo mismo aquí que en Malasia, sino que, además, depende de dónde se te ocurra poner en práctica estos gestos hasta te pueden meter en un buen lío. Pero la simple mueca de estirar la boca con las comisuras hacia arriba se entiende inmediatamente en todas las culturas de la misma forma, sin margen de error, así que no te cortes, feel free.

Y lo mejor de todo es que no necesitamos aprender a sonreír, resulta tan intuitivo que es de las pocas cosas que sabemos hacer desde bebés. No hay que ser superdotado, ni ejercitarse (aunque si lo haces, mucho mejor, señal de que estás a gusto), ni se perfecciona con los años... todos venimos dotados de serie con este movimiento. ¿Para qué? Para empezar, para pasarlo bien, pero, además, los científicos explican que ayuda a empatizar con los otros, relaja, promueve emociones positivas y hasta libera endorfinas. Vamos, que es un subidón del ánimo barato y al alcance de cualquiera.

Pero no todas las sonrisas son iguales. No es lo mismo sonreír de forma natural que poner una sonrisa de circunstancias. Y por si había dudas, un estudio llevado a cabo por dos investigadoras de la Universidad de Kansas (EE.UU.), Tara Kraft y Sarah Pressman, lo ha confirmado. La sonrisa estándar, esa en la que interviene solo la boca, tiene beneficios moderados, pero la Duchenne, en la que también participan los ojos, es capaz de reducirla frecuencia cardíaca y disminuir el estrés. ¡Casi nada!, y solo por hacer una sencilla mueca. Tanto que solo se necesitan 17 músculos para la forma más básica de esta habilidad que te cambia la cara (para bien), así que aquellos que te dicen “sonríe, que es más fácil” tienen toda la razón; ¡para fruncir el ceño necesitamos 43 músculos!

Al estilo enigmático de la Mona Lisa, sin separar los labios, o a mandíbula batiente, recuerda que puedes abusar de este indicador de la felicidad no verbal todo lo que quieras, porque carece de contraindicaciones. Solo tendrás que decidir si poner en práctica tus dotes de actor o regalar tu sonrisa más sincera. Te animamos a mostrar este gesto de buen rollismo, con ganas o sin ellas...por tu propio bien.