No es broma, Thomas Edison tenía miedo a la oscuridad

 

Con el invento de la bombilla incandescente quizá buscaba superar su temor o tal vez fue pura casualidad, pero acabó iluminando su vida.

 

 

Combatiendo el miedo con la luz

 

Dicen que el miedo es libre, y para prueba un botón. Hay quien poner un pie en un avión, aunque sea para ir de Barajas a Cuatro Vientos, le provoca sudores fríos; quien prefiere subir cinco pisos de escaleras tirando de la correa del perro y cargando dos bolsas de la compra antes de meterse en un ascensor 20 segundos; y quien se desmaya con solo oír la palabra S-A-N-G-R-E.

 

En fin, que el susto es personal e intransferible. A veces es ancestral, irracional, absurdo o hasta patológico; se nace con él o se perfecciona con el tiempo, todo depende de uno y sus circunstancias. Pero entre los miedos de los miedos se impone uno: el miedo a la oscuridad, todo un clásico infantil. ¿Infantil? Bueno, hay quien estar a oscuras le sigue poniendo los pelos de punta y le provoca tiritona, aunque hayan pasado 20 años desde que cumplió la mayoría de edad. De hecho, ese pánico acompañó a todo un iluminado gran parte de su vida: nada más y nada menos que al gran Thomas Edison. Y esto no es un chiste.

 

Tal vez su temor a la nocturnidad fuera el detonante para que aquel 21 de octubre de 1879 creara la primera bombilla que podía permanecer encendida 48 horas. Autodidacta e imaginativo como pocos, su primera patente fue un contador de votos que trató de vender al Congreso de Estados Unidos en 1868 sin mucho éxito. Pero eso no le echó para atrás; unos años después firmaba el copyright del invento que le haría pasar a la historia. Y, como buen visionario, lo presentó por todo lo alto: con un encendido navideño... de 40 bombillas incandescentes que se encendían con un solo interruptor, algo que dejó boquiabiertos a los 3.000 curiosos que se habían acercado a su laboratorio de New Jersey el día de Nochevieja para semejante exhibición.

 

¿Talento o mera casualidad? Todo puede ser; al fin y al cabo, tenía un incontinente genio creativo, tanto que se cuenta que cada 15 días creaba un trasto y que llegó a inventar más de 1.000 cachivaches. Sea como sea, está comprobado que para superar una fobia no hay mejor estrategia que enfrentarse a ella, y lo que hizo Thomas Edison fue mucho más que eso: fulminarla con un destello de luz. ¿Se puede ser más valiente? ¡Genio y figura!