Víctor Hugo escribía desnudo, ¿y qué?

 

Nada. Conseguía su propósito, parir obras de arte. Lo que menos importa es si lo hacía en cueros o vestido de cartaginés. Hemingway, Lawrence o Christie también siguieron su ejemplo... y no les fue mal.

 

 

Inspiración ven a mí 

 

En la vida hay situaciones que dan más miedo que enfrentarse a un toro bravo. ¿De verdad? Así es, pocas cosas hay tan aterradoras como el pánico escénico que da la hoja en blanco...si eres escritor, claro. Lo dicho, ni un miura.

Bien es verdad que, en el catálogo de maniáticos, los literatos ocupan un lugar privilegiado, pero no es menos cierto que el folio inmaculado se las trae. El recurso a la botella (vacía después de horas de darle al pensamiento... único, y que no hay manera de desarrollar por mucho que uno se devane el cerebro o lo aturda), a las sustancias prohibidas y hasta al de la “intertextualización” (bonito eufemismo donde los haya) han sido de sobra conocidos y empleados por el gremio para atraer a las musas y, desde luego, mucho antes de que la Generación Beat quisiera colgarse la medalla de la primicia.

A Víctor Hugo, en cambio, le dio por probar otra fuente inspiradora. Barata, indolora y, lo más alucinante –entiéndase, natural, sin química de por medio–, efectiva: cuando tenía un bloqueo creativo se desnudaba para que nada pudiera distraerle.

¿Una rareza? Según como se vea. Mientras no se lleve a los extremos, al estilo del ilustre protagonista de la fábula de Hans Christian Andersen El nuevo traje del emperador, no hay por qué escandalizarse ni cuestionar el método. En casa y con las ventanas cerradas, puede ser una fórmula tan válida como otra cualquiera para lograr la concentración. Y mala no debe de ser, porque se sabe que también la pusieron en práctica Hemingway, Lawrence y Christie y, a la vista está, con buenos resultados.

Desde luego, tiene la ventaja de que puede usarse tantas veces como uno desee sin contraindicación alguna. Y si volver a los orígenes sin manzana en la mano ni tentación alguna ha hecho que algunos de los escritores más laureados nos den auténticos best sellers, ¿a quién le importa si iban en cueros cuando cogían la pluma o le daban a la tecla?

Al fin y al cabo, si analizamos el tema que nos ocupa, no parece que pueda haber mejor manera de escribir Los Miserables que como Dios te trajo al mundo. Y, luego, eso sí, hincando codos. Porque ya lo dijo Picasso, que de desnudos sabía mucho: “Que las musas te pillen trabajando”.