El poder de un abrazo

 

La mejor medicina para algunas dolencias no necesita doctores ni medicinas, basta con un buen amigo que te acoja entre sus brazos.

La cara que se te queda cuando te enteras de que… los abrazos tienen propiedades cicatrizantes.

Tal vez llegue el día en el que los hologramas y los avatares interactúen con nosotros, pero hay algo que nunca van a poder hacer por mucho que se empeñen y por mucha inteligencia artificial que les pongamos: darnos un achuchón de verdad, así de sencillo o, más bien, así de complicado, en su caso.

La realidad virtual puede acercarnos vía pantalla a quienes queremos, que ya es mucho, pero tocarles a través del plasma es tan frío como chupar un polo en invierno. Y por si esto fuera poco, además, no tiene ninguno de los beneficios del contacto físico, y esta no es una cuestión menor. Por algo hace unos años se puso de moda en todo el mundo ese movimiento que salía a las calles pancarta en mano regalando free hugs, gente tan generosa que daba aquello que menos cuesta y más vale, un abrazo bien dado a cualquiera que lo necesitara. ¡Y gratis! ¿La única pega? No era apto para todo el mundo. Cuando se trata de recibir este presente tan físico de un desconocido, por mucha buena intención que tenga, hay que alertar de que se trata de un acto de generosidad no apto para escrupulosos. Y menos en pleno verano a 35 grados a la sombra... Avisamos.

 

Los abrazos tienen propiedades cicatrizantes

 

En forma de acercamiento premeditado o espontáneo; ligero o efusivo; amistoso o romántico…, tanto da, rodear con los brazos a otra persona tiene unos efectos sorprendentes, siempre que se haga de forma sincera. Esa sí es condición sine qua non. Sin ella, no hay abrazo que valga.

No es nuevo eso de que el cariño reconforta y ayuda a curar los males del alma. ¿Quién no ha experimentado a través de la conexión piel con piel ese subidón de autoestima, esa alegría, ese hombro donde encontrar consuelo o esa compañía en momentos de soledad? Romper las barreras invisibles y fundirse en un abrazo de los que traspasan proporciona confianza, bienestar, relajación, refuerza lazos y nos hace empatizar hasta con el enemigo. Por no hablar de que ejercitado de manera habitual ahuyenta la depresión, la sensación de angustia y la ansiedad. ¡Y todo sin contraindicaciones!

Y es que fundirse en un abrazo, en ocasiones, puede ser más eficaz que los fármacos y los doctores, un remedio casero barato y cuyos beneficios se conocen desde hace tiempo. Pero, ¿cómo un gesto tan aparentemente inofensivo puede tener semejantes propiedades curativas? En realidad, todo es cuestión de cabeza y corazón. Tocarse hace que nuestro cerebro libere oxitocina, conocida como ‘la hormona del amor’, y según se ha demostrado, esto provoca unos efectos en cadena de lo mejorcito que hay para la salud. Abrazarse baja los niveles de cortisol, lo que provoca una reducción del estrés; disminuye la presión arterial, lo que minimiza el riesgo cardiovascular y mejora los niveles de cortisol en sangre.

¿Conclusión? Tocarse como es debido es casi mágico, terapéutico, pero no sirve una palmadita en la espalda, hay que currárselo un poco. Para que surta efecto hay que estar agarraditos al menos 20 segundos. Lo de acabar con un beso ya es opcional, aunque incrementa todavía más los efectos.

A partir de ahora, ya sabes, como medida preventiva o como tratamiento paliativo, lo mejor es abrirse a los demás. Déjate de cordones sanitarios y lánzate a los brazos de tus seres queridos. ¡Abusar está permitido!

 

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