Alfajores de Frambuesa

por Gonzalo D'Ambrosio

Comensales: 6-8 personas

Tiempo: 45 minutos

Alfajores de Frambuesa

INGREDIENTES

150 g de mantequilla
70 g de azúcar
1 cucharada de miel
30 g de cacao amargo en polvo
1 huevo
180 g de harina
1 cucharada de levadura en polvo
80 g de fécula de maíz
1 chorrito de esencia de vainilla líquida
mermelada de frambuesas
frambuesas frescas
azúcar glass

 

Alfajores de Frambuesa

PREPARACIÓN

 

Para hacer este dulce tan argentino mezclamos en un bol la mantequilla bien fría, el azúcar, la miel, el cacao, el huevo y la esencia de vainilla. Tras agregar los frutos secos, amasamos con energía hasta conseguir una masa.

Cortamos círculos de 10 centímetros de diámetro y 1/2 centímetros de espesor y horneamos con el horno precalentado a 180º durante diez minutos.

Una vez frías, unamos con mermelada la masa ya hecha, ponemos las frambuesas y cerramos con otra tapa de masa. Acabamos espolvoreando con azúcar glass.

Alfajores de Frambuesa

HISTORIA

 

Las recetas no son simplemente una consecución de ingredientes dispuestos a formar un plato concreto, para mí es mucho más, para mí es el epicentro de muchas experiencias, de recuerdos... Tanto es así que siempre tiendo a relacionar platos con gente que ha pasado o está en mi vida. Mi madre, sin dudarlo, son los alfajores. Son sus dulces favoritos, con frutos del bosque que tanto abundan en el Sur Argentino.

Tener claro cuál es el plato de cada amigo, familiar, compañero, es la forma más fácil de sorprenderles en cualquier momento, sin necesidad de excusas. ¿Es que hace falta celebrar algo para hacer un regalo?, definitivamente no, hacerlo en fechas señaladas es lo correcto, lo que se espera. Lo bonito es quedar con tu madre un día y sin motivo alguno llevarle unos alfajores y dos Coca-Colas, una para ella y otra para mí.

Ese momento no tiene precio. A partir del primer bocado ya estamos listos para empezar a ponernos al día de todo lo que nos ha pasado en las últimas semanas, y lo hacemos entre risas, con buen talante, olvidando lo malo que hayamos podido pasar. A partir de ese momento el tiempo vuela… y los alfajores también. No hay placer más grande que ver a mi madre disfrutar con algo que he hecho especialmente para ella. Creedme, merece la pena.

 

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