Coca de Pimientos y Anchoas

por Loleta

Comensales: 6 personas

Tiempo: 60 minutos

Coca de Pimientos y Anchoas

INGREDIENTES

Para la masa de la coca
25 gr de levadura fresca (una pastilla de las que venden en los supermercados)
235 ml de agua templada
1 cucharadita de aceite de oliva virgen
475 gr de harina
1/ cucharadita de sal
Para el relleno
1 lata de pimiento del piquillo asado
2 pimientos verdes
2 cucharadas de tomate frito casero con un poco de orégano
1 cebolla un poco de sal
un huevo batido
1 latita de anchoas
unas ramas de romero

 

Coca de Pimientos y Anchoas

PREPARACIÓN

 

Esta receta empieza preparando la masa de la cosa. Mezclamos la pastilla de levadura con el agua templada hasta deshacerla mezclando con las manos.

En un bol mezclamos la harina, la sal y el aceite y hacemos un hueco para añadir la levadura. Amasamos la mezcla hasta conseguir una masa sin grumos, que quede homogénea, y dejamos reposar durante media hora.

Mientras, cortamos los pimientos asados en tiras al igual que los verdes.

Echamos harina sobre la superficie en la que vayamos a trabajar la masa y estiramos con un rodillo hasta conseguir un rectángulo.

Ponemos en una bandeja, pintamos con la salsa de tomate y colocamos los pimientos encima. Solo queda hornear durante veinte minutos a 200 grados.

Una vez fuera del horno, adornamos la coca con las anchoas. 

Coca de Pimientos y Anchoas

HISTORIA

 

Cuando llevaba 200 kilómetros recorridos, la luz del depósito de gasolina comenzó a parpadear. Necesita parar a repostar, estaba en reserva, iba sola y tampoco tenía batería en el móvil. Pasé un pueblo desértico, varios campos de trigo, y lo único que veía y tenía por delante eran kilómetros y kilómetros de carretera comarcal. Tampoco parecía que hubiera muchos más coches.

Empecé a agobiarme...¿no sería capaz mi fiel coche de dejarme tirada?. Debía estar a primera hora de la mañana en unas jornadas de gastronomía catalana, tenía pensado proponer una coca de pimientos y anchoas, por eso quise salir cuanto antes para llegar a Barcelona y descansar. El coche comenzó a dar trompicones. Uno, otro...stop. Estaba en mitad de la nada. Nadie pasaba por allí. Me bajé del coche, esperé media hora eterna y eché a andar, necesitaba ayuda, un teléfono o un coche nuevo. Eran las seis de la tarde y en breve anochecería. A los 40 minutos divisé a lo lejos una casa...no...¡una gasolinera!. Aceleré el paso, nunca me alegré tanto de ver una. Estaba exhausta, ansiosa.

Cuando llegué, eché un vistazo y la vi al fondo. Olvidé que necesitaba un teléfono, que debía comprar gasolina. La máquina de Coca-cola estaba allí, esperándome. Metí una moneda, saqué una lata y os puedo jurar que fue la mejor Coca-cola de mi vida. Mi coche y el viaje podrían esperar.

 

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