Crema de Rebozuelos

por Sergio Señor

Comensales: 4 personas

Tiempo: 30 minutos

Crema de Rebozuelos

INGREDIENTES

400 g de rebozuelos frescos
2 puerros
1 cebolla
200 ml de vino blanco
200 ml de nata
400 ml de caldo de pollo
aceite de oliva
sal
pimienta

 

Crema de Rebozuelos

PREPARACIÓN

 

Para hacer la crema comenzamos rehogando los puerros, la cebolla y parte de los rebozuelos en una cacerola. Las sazonamos y cuando estén tiernas le echamos un vaso de vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol.

Cubrimos con el caldo de pollo y dejamos cocinar unos 20 minutos a fuego medio.

Pasado ese tiempo, incorporamos la nata y trituramos todo muy bien. Pasamos a continuación por el chino para que quede una crema muy fina y ligera. Rectificamos de sal en caso de que sea necesario.

Salteamos el resto de los rebozuelos con un ajo, y emplatamos sirviendo la crema con las setas salteadas encima.

Crema de Rebozuelos

HISTORIA

 

Uno de los mejores momentos del día, es ese ratito en el que te puedes sentar a cenar tras una jornada complicada. Sentir que todo el estrés se queda de puertas afuera y estás en tu casa, seguro, sin más problema que pensar lo que vas a hacer de cenar es muy reconfortante. Esos días llego y lo primero que hago es pegarme una ducha bien caliente, para que el agua se lleve con fuerza los restos de los problemillas que pudieran existir por el desagüe. Son cinco minutos de placer que me dejan como nuevo. Me pongo el pijama y me abro una Coca-Cola Zero Zero fresquita que tomo directamente en lata, ¡qué gustazo! Miro en la nevera y despensa lo que puedo hacerme de comer.

Presumo de ser bastante organizado y siempre tengo algo ya hecho, pues cuando hago platos de cuchara suelo hacer alguna ración de más para congelar y que sirva para improvisar días como este. Pero hay veces que prefiero dejarme llevar por un antojo concreto, como el jueves pasado. En esa ocasión ya tenía claro lo que iba a tomar: crema de rebozuelos. Me encantan las setas y muchas veces he salido con un amigo experto a buscarlas, ¡es muy entretenido! Me enseña a distinguirlas, a diferenciarlas y a descartar las no comestibles o peligrosas. Por eso cuando se acerca el otoño empiezo a preparar recetas y a aprovecharlas todas, desde las trompetas a los boletos o níscalos. Y esa noche tocaba crema de rebozuelos, ¡qué buena forma de acabar el día!

 

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