Ensalada de Pollo y Queso Feta

por Gonzalo D'Ambrosio

Comensales: 4 personas

Tiempo: 10 mins

INGREDIENTES

 

1 lechuga romana
1/2 paquete de berros
1 bloque de queso feta
300 g de tomates cherry de distintas variedades
1/2 cebolla morada
vinagreta normal
2 pechugas de pollo en cuadraditos
4 cucharadas de harina
2 huevos
100 ml de leche
sal
pimienta
pimentón dulce
pimentón picante
panko
aceite de freír
80 g de mayonesa
1 diente de ajo
zumo de 1 limón
sal
pimienta
aceite de oliva extra
perejil rizado

PREPARACIÓN

 

Para elaborar esta receta empezamos pasando la lechuga por la harina primero y después por una mezcla de huevos y leche con sal y pimienta.

Mezclamos el panko con los pimentones y rebozamos el pollo, que freiremos a continuación.

Lo reservamos mientras preparamos la fuente donde irá la ensalada, cuya base irá cubierta con las hojas enteras de la lechuga romana.

En un bol aparte echaremos los berros, el queso feta, los tomates y la cebolla juliana muy finita, condimentando la mezcla con una vinagreta. Volcamos todo sobre la capa de lechuga y añadimos los trozos de pollo frito. El perejil rizado será la guinda de esta exquisita ensalada.

 

 

HISTORIA

 

Hay temporadas que por acontecimientos familiares, comidas de trabajo o fiestas nos vemos obligados a comer más de la cuenta. Qué de veces he llegado a casa con la sensación de no poder ni moverme tras haber pasado por una comilona con aperitivo, primeros, segundos, postres, cafés, copita... En esas ocasiones intento siempre compensar el día después, busco algún plato ligero que me haga olvidar sí o sí haberme pasado de la raya. Recuerdo como mi hermana después de cada Navidad se pasaba un día a piña...para desayunar piña, para comer piña, de cena piña, ¡qué aburrimiento!

Yo la verdad es que apuesto por menús más equilibrados, las ensaladas con sus múltiples posibilidades están en el top ten de mis platos favoritos. La de pollo y queso feta es perfecta para esas ocasiones, suficientemente contundente para un buen almuerzo pero fresca para eliminar la pesadez que arrastramos. Una Coca-Cola Light terminará de hacernos sentir mucho mejor. Eso sí, solo será hasta el siguiente bautizo o la boda de un primo más, pues a pesar de lo que sabemos siempre tropezamos con la misma piedra.

 

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