De mayor quiero ser…

 

Por fin lo tienes claro, pero la cosa –avisamos– no va a ser fácil. Casi desde que empezaste a dar tus primeros pasos has oído machaconamente eso de “¿Qué quieres ser de mayor?”. Y tú, con cara de circunstancias y sin haber perdido ni un minuto de tu corta vida en tales pensamientos, te cansabas de repetir una y otra vez: “No sé”. O, peor, te atrevías con “un astronauta”, lo que venía a confirmar que todavía estabas en las nubes…

La escena, con más o menos variaciones, seguro que ha ido repitiéndose a lo largo de los años, aunque hayas pasado de los calcetines hasta la rodilla a los calcetines tobilleros y se te supongan ciertas capacidades argumentativas. Pero tú, ya más crecidito, seguías en las mismas; eso sí, con aplomo y hasta con diplomacia, respondías para no herir susceptibilidades: “Estoy barajando varias opciones”.

Pero el caso es ya has superado esa fase y estás pensando cómo decirles a tus padres que has sentado la cabeza y que, ahora sí, sabes qué quieres ser en la vida. Ellos, como todos, desean lo mejor para ti o, lo que es lo mismo, que seas una persona de provecho, que termines la universidad, que hagas un máster, que hables idiomas, bla, bla. Vamos, que llegues a ser alguien respetable y, si es posible, triunfador en lo tuyo –se sentirán orgullosos de tener a un médic@, abogad@ o economista en la familia–, además de buena persona, claro, que es lo importante.

 

 

Papá, mamá, de mayor quiero ser gamer profesional

 

Con estas expectativas, a ver cómo les dices que tienes otros planes, que lo que de verdad quieres ser es gamer profesional. ¿Mejor ir dejándolo caer o plantarse un día y soltarlo sin más? Decidas lo que decidas, aquí va una sugerencia: empieza por asegurarles que no vas a abandonar los estudios. Eso siempre rompe el hielo y causa buena impresión. Y luego ve sacando la artillería pesada ahora que has descubierto tu gran vocación y que no hay nadie –¿seguro?– que te pare.

Lo primero, después de ver su cara de póker, es tranquilizarlos y hacerles ver que esta es una de las profesiones del futuro y que para algo eres nativo digital. Mover los dedos a la rapidez del rayo y pensar como influencer se te da de maravilla, y no lo dices tú, eh, sino tus amigos, así que eso debe de valer para algo, porque es la referencia que ellos suelen usar: “Y qué ha sacado fulanito en matemáticas”, preguntan como método de validación de tus notas.

Si la cosa no cuela, y esto no hace más que empeorar la situación, pasa a la opción B: sacar a colación las cifras contantes y sonantes: “Papá, mamá, ¿sabéis el caché que tienen algunos gamers? ¡Si me aplico, podría hasta compraros una casa nueva!

¿Tampoco? ¿Hasta has conseguido enfadarles? Entonces toca emplearse más a fondo para convencerles y pasar de las palabras a los hechos. ¿No dicen que más vale una imagen que cien palabras? Pues eso. Siéntales frente al ordenador y busca a uno de los gamers más famosos. Fundamental, que no diga tacos, mejor si habla inglés –que vean que has aprovechado las clases de la academia­– y que su habilidad se centre en construir (lo que sea) en lugar de matar avatares. ¿Objetivo? Que vean con sus propios ojos que los videojuegos no tienen por qué ser malos. Con un poco de suerte, hasta se atreven a echar una partidita… Y si se les gusta, van a tener que buscar muchas excusas para no darte la razón y que puedas convertir tu pasión en tu modo de vida. ¿Que no da sus frutos? Pues siempre te quedará el chantaje emocional: “Pero, papás, ¿no decíais que solo queréis que sea feliz?”. Esto desarma a cualquiera.

Si tú también tienes claro que este es tu futuro, cuéntanos cuáles son tus ídolos en el universo gamer para seguir su ejemplo en nuestro Instagram.